martes, 10 de junio de 2014

La joven que iba hacia el fuego (Hi ni yuku kanojo) – Yasunari Kawabata


El agua del lago destellaba a la distancia. Con el color de una fuente de agua estancada, en un viejo jardín, a la luz de la luna.

Los bosques en la lejana orilla se quemaban silenciosamente. Las llamas se expandían mientras yo las observaba: Un bosque incendiado.

La llamarada corría a lo largo de la orilla como un juguete, reflejada nítidamente en la superficie del agua. Multitudes ennegrecían la colina, ascendiendo sin cesar por sus laderas.
Me di cuenta de que el aire que me circundaba era calmo y claro, pero seco.
El sector del pueblo en la base de la colina era un mar de fuego.

Una joven se separó de la multitud y descendió sola. Ella era la única que bajaba por la ladera.
Curiosamente, era un mundo sin sonidos.
No pude soportar verla encaminarse directamente hacia el mar de fuego.

Entonces, sin palabras, conversé con su interior.
-¿Por qué bajas por la colina sola? ¿Es para morir quemada?
-No quiero morir, pero tu casa queda hacia el Oeste y por eso yo me dirijo hacia el Este.

Su imagen -un punto negro con el fondo de las llamas que inundaban mis ojos- laceró mis pupilas. Me desperté

Las lagrimas se escurrían por mis sienes.

Ella había dicho que no quería ir hacia mi casa. Lo comprendí. Todo lo que ella pensara estaba bien. Forzándome a ser racional, en apariencia me había resignado a que sus sentimientos hacia mi se hubieran enfriado; sin embargo, con obstinación quería imaginar, sin relación con la joven real, que en algún lugar ella guardaba una brizna de sentimiento por mí. Y si bien yo aparentaba desdén, secretamente deseaba que eso cobrara vida.

¿Significaba este sueño que en el fondo de mi corazón yo sabia que ella no tenia el menor afecto por mí?

El sueño es expresión de mis emociones. Y sus emociones en el sueño eran las que yo había creado para ella. Eran mías. En un sueño no hay simulación ni fingimiento.

Me sentí desolado al pensarlo.


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